Escribo en azul, como en el colegio. La calidad de la Enseñanza Pública en Madrid que es lo que conozco como usuario, aunque me temo que puede extrapolarse al resto de nuestra geografía, está bajando escandalosamente. El problema se inicia en que las justas reivindicaciones del profesorado, ante los recortes políticos, lo empieza a sufrir quien menos culpa tiene, el alumnado.

Encontramos en este curso en el que estamos, tres perfiles entre los profesores de enseñanza secundaria, los desanimados, ante la pérdida de recursos y nuevas obligaciones impuestas que intentan hacer lo mínimo obligatorio, los motivadores, que independientemente de sus problemas laborales mantienen su listón en el sitio y motivan al trabajo, al esfuerzo, e independientes, alientan a sus discípulos al aprendizaje,  éstos tienen mi respeto, y finalmente empieza a preocuparme en demasía, los reaccionarios, aquellos que por encima de todo, está su situación laboral, su salario, sus horas lectivas, sus derechos, y en segundo término queda la calidad de enseñanza que defendieron antaño, su propia vocación, su profesionalidad, y en ciertas ocasiones me aventuraría a decir, su ética. Los tres tienen las mismas reclamaciones ante su situación, pero diferente estilo en la respuesta.

Parece que la vocación de maestro, en este país que todo se politiza, ha pasado a tercer término. Creo honradamente que las reivindicaciones laborales nada tienen que ver con el desempeño de tus obligaciones, es más, pienso que si las abandonas pierdes parte de tu razón. Razonamiento que no solo debe aplicarse a los docentes, por descontado.

Pero el problema continúa en la sociedad, si preguntas por la calle qué preocupaciones tiene la población, la respuesta es clara, inequívocamente una gran mayoría me atrevería a pronosticar que respondería, el paro y la situación económica. Sin embargo, si lo preguntas de otro modo, qué parcelas del presupuesto mantendrías sin recortes por orden de importancia, lo que viene a ser casi lo mismo que lo anterior, la gente responde automáticamente sanidad y educación, olvidando la creación de empleo o las ayudas a las PYME.

Paradójicamente no hay grandes movilizaciones sociales, ni a favor del empleo ni del flujo económico, y mucho menos de una mejora en la calidad de la sanidad o de la educación, salvo las pertenecientes a los propios gremios o a perjudicados, según el caso.

Con esta comparación, seguro que criticable, puedo entender que socialmente no es cierto que nos preocupe la educación o al menos no del todo, lamentablemente lo defendemos porque es políticamente correcto, pero queda en lo puramente formal. No hay una preocupación de fondo. En esta sociedad y en la parcela que nos ocupa, somos los padres quienes tenemos que demandar soluciones a los profesionales y a los políticos, pero siendo parte integrante de la solución no podemos esperar una resolución externa, debemos participar activamente en ella, donde se puede jugar un papel importante desde las Asociaciones de Padres y Madres de los centros educativos, aunque no solo desde este trampolín social.

Por último los ciudadanos en este amplio sentido, docentes y padres, no somos los únicos que tenemos responsabilidad en este declive, en tercer lugar y no por ello el menos importante, recae en los gobernantes, que entienden enormemente de comunicación y markenting, pero reducen, deshacen, marcan, legislan unilateralmente y siempre lo venden como el mejor avance social que podíamos esperar los ciudadanos, y en este término, no hablo de ningún color político en concreto, porque esta conducta me temo que es demasiado generalizada. Es importante y pienso que se está obviando cada vez con más frecuencia, contar con la opinión de las partes, analizar la situación de partida con los técnicos y profesionales, antes de elegir un camino y previo a marcar una meta. Razonamiento que no solo debe aplicarse a la educación, por descontado.

Partidario de la enseñanza pública, aliento desde aquí a los desanimados, para que se motiven, a los reaccionarios, para que se responsabilicen y felicito a los motivadores, porque tienen mi admiración y respeto.

Aliento desde aquí a la sociedad, a los padres de alumnos, para que reflexionen sobre la situación actual, para que utilicen la imaginación y participen activamente en una resolución del problema.

Animo a los gobernantes, para que no se cierren en disciplinas partidarias y partan de análisis multidisciplinares, teniendo en cuenta la opinión de las partes, los padres, incluso los alumnos, y de los técnicos y profesionales, antes de la toma de decisiones.

El recorte en los recursos, para una educación de calidad no constituye a mi entender únicamente una pérdida de derechos laborales, éste no es el problema de base, sino que establece una pérdida en los derechos de los alumnos. Tampoco constituye un ahorro económico, sino que hipoteca nuestra formación y nuestro porvenir.

Los damnificados, los alumnos y subsidiariamente nuestra propia sociedad y por consiguiente nuestro futuro.  Acabaremos pagándolo, si no ponemos remedio.

 

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