Cerro de San Pedro

Publicado: 20/05/2012 13:30 por javiermontalvo en Crónicas de un Pueblo
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El pasado mes de abril fuimos al campo. Nos dispusimos a subir el Cerro de San Pedro, se encuentra entre los madrileños pueblos de Colmenar Viejo, Soto del Real y San Agustín del Guadalix. Desde que me hice vecino de este último, lo miraba en mis paseos por el pueblo, no sabría decir por qué con admiración, y ejercía una atracción sobre mí, que rondaba mis planes de ascenderlo, aunque sin planificación alguna.

Efectivamente no nos disponemos a subir el Annapurna, pero han pasado los años y por fin hemos logrado su ascensión hasta alcanzar su cumbre a 1.425 m, no tiene demasiada dificultad, salvo en inviernos duros que según los que lo han hecho, aumenta su dureza por las condiciones climatológicas. No destaca su altura, hermano pequeño y quizá desplazado de la Sierra del Guadarrama por sus hermanas, La Maliciosa, La Bola del Mundo, Cabezas de Hierro y Peñalara que conviven más cerca y con posiciones altivas. El Cerro de San Pedro se encuentra algo distanciado al sur de ellas, parece que lo abandonaron a su suerte.

Sin embargo con este desplazamiento marginal, ha encontrado su propia nobleza, visto desde gran cantidad de lugares de nuestra comunidad, incluso he jugado a descubrirlo desde otros puntos más distantes,  como en nuestras queridas y vecinas tierras alcarreñas, con su perfil apuntando hacia al cielo tan peculiar. Alcanzar su cumbre no requiere grandes equipos alpinistas, salvo unas buenas botas, algo de agua y un espíritu deportivo o aventurero, desde la carretera de Colmenar Viejo a Guadalix de la Sierra encontramos la senda que nos lleva entre ganado vacuno que nos mira con pereza desde los pastos, adornados de cuando en cuando con salpicados jarales, encinas y enebros. El camino se hace duro en dos repechos importantes que debes tomar con paciencia y sin desánimo, entre medias de los dos, puedes recuperar el aliento y descubrir los cambios que produce la vista al ascender, igual que si estuvieras en un montacargas de aquellos acristalados para ver el exterior, es un efecto curioso.

Con la ilusión de algo deseado desde hace tiempo, al llegar arriba descubres una vista interminable en amplitud, y puedes distinguir a parte de Madrid, claro está, girando a favor de las agujas del reloj, Tres Cantos, Colmenar Viejo, El Boalo, Manzanares el Real, Soto del Real, Miraflores, Guadalix de la Sierra, Navalafuente, y Cabanillas de la Sierra; si seguimos girando y con la vista cruzamos la carretera de Burgos nos encontramos con El Vellón y El Molar, Pedrezuela y San Agustín de Guadalix otra vez de este lado, antes de volver a localizar Torre Espacio y su cuadrilla, en el norte de la ciudad de Madrid, cerrando el círculo completo, fantástico. Contamos catorce incluyendo Madrid, con la seguridad de haber olvidado alguno en la mirada a los que pido disculpas, como Paracuellos del Jarama o el mismo Algete que no recuerdo identificarlos desde allí, y sin embargo recuerdo ver el cerro nítidamente desde estas villas madrileñas. Estoy seguro que la próxima identificaremos la veintena.

Al alcanzar su cumbre encontramos otro secreto que adorna la excursión, una caja herméticamente cerrada para proteger su interior del agua y la nieve, donde encontramos algún libro para ilustrar al caminante, algunos enseres y un cuaderno, es un detalle que premia el esfuerzo, en el que podemos dejar nuestra dedicatoria registrada, nuestra firma o nuestro saludo. Podemos entretenernos leyendo la de otros, naturalistas, deportistas, madrileños o foráneos, visitantes que en definitiva tuvieron la misma ilusión que nosotros.

Nos queda el descenso y puedo asegurar que en algunos tramos, no menos duro y bello que el ascenso.

 

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