Casi me atraganto

Entra un calor abusivo, es indigerible, uno de esos días que parece que se evapora el asfalto y desde la ventana no hay pájaros volando, la ciudad está aletargada, no hay vida, nada se mueve; sin embargo no tengo tiempo, con la ropa pegada al cuerpo que parece una segunda e incómoda piel que irrita hasta el propio ánimo, corro excitado por el pasillo, puertas entreabiertas entornadas al destino, no encuentro a nadie y busco la lista de fallecidos en el mostrador de la sala también desierta, alcanzo la tablilla sin permiso abandonada en la mesa y casi me atraganto, cuando acabando mi segundo botellín de agua tibia de un suspiro para poder sobrevivir, descubro mi propio número y nombre en la sexta fila.
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Javier Montalvo -
Montesinadas -