Entrando en el otoño

Publicado: 25/08/2016 13:03 por javiermontalvo en Crónicas de un Pueblo
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Semana en bici, viaje no solo deportivo sino con alguna motivación de más calado, doscientos y pico millares de metros en familia, viaje compartido que te obliga a olvidar los deberes del día a día y te concentra en el esfuerzo y la naturaleza, en colaboración y conversación. Fue una semana muy intensa para no olvidar, disfrutada en grupo y espero que quienes me acompañaron la lleven siempre consigo, quienes me importan mucho más de lo que puedo escribir. Termina nuestra aventura y orgulloso estoy de ellos, Álvaro y Julia de 16 años y Pablo de 15 por un lado, que fueron en grupo esperándonos a los otros tres en algún cruce, ya que su ritmo era superior al nuestro y Jorge de 12, que lo completó no sin esfuerzo, pero con el mejor humor del grupo, hablando con todo el que se ponía en su camino, hospitaleros y caminantes, todo un ejemplo de simpatía y cortesía, todos ellos Montalvo como yo, que junto con Rocío cerrábamos el grupo.

Terminamos con nuestros cuerpos en pleno monte cercano al mar, tres días en una casa rural en las gallegas rías altas, de plomizas nubes y temperaturas bajas en agosto, digno de recordar, e incluso tentador para volver a descansar, leer, escribir, entre castaños y nogales pasear en soledad o en compañía elegida para la ocasión, cuando en otros momentos del año necesitemos un intermedio.

Volvemos a nuestros orígenes posteriormente, con un pantalón vaquero y una camiseta de faena, andábamos desde el veintitantos de junio al quince de septiembre por Sigüenza, nada importaba entonces, era nuestro particular verano azul, bicicletas, fútbol, excursiones y amigos, posteriormente añadimos motillos, deportes, botellines, guitarras, música y conciertos, fiestas, noches y amaneceres con amigos o compañías amantes y así podríamos ir sumando hasta hoy.

Desde hace un par de veranos se hace un poco difícil y emotivo, nos acordamos en muchos momentos al año de quien nos falta en primer término, pero en este lugar se hace todo más intenso. Recordamos también a amigos que ya no están y parece imposible aún. Sin embargo, no podemos evitar acudir año tras año unas pocas jornadas, no sería lo mismo. Terminó este año mi estancia inesperadamente con un inoportuno accidente que visto ahora, me revela por los fallos cometidos pero me alegra, porque puedo afortunadamente escribirlo, podría por un segundo o un mínimo detalle de azar, haber sido peor o fatal. Afortunado además por la asistencia de primera calidad y cariño de Emma a quien debo mucho más de lo que cree. Afortunado también por contar con muchos de los que me rodean. Vuelvo a casa con la impresión, posiblemente por este trallazo intempestivo, de haber pasado tan solo un fin de semana allí este año, no sé por qué, siento que no me ha cundido, aunque recuerde buenos momentos entre la gente de siempre.

Vigilando de vez en cuando el teléfono o el correo del trabajo, una obligada baja médica me detiene en casa, que espero no sea demasiado larga. Empieza ahora el final del verano, como todos los años durará otros veinte días para hacer trabajo y ocio compatibles entre buena gente, amigos cotidianos de invierno y de verano, escenarios habituales o menos frecuentes, todo a pinceladas entre trazos mayores de trabajo, que hace de este tiempo un periodo también con un sabor diferente al resto del año, una suave transición entre las vacaciones y el otoño.

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