DEMOCRACIA

Publicado: 22/04/2020 18:09 por javiermontalvo en Ética

Podemos considerar que empezara en la Antigua Grecia, significa “demos” -o pueblo, “krátos” -poder o gobierno, término que convive con los inherentes de justicia y ética.

Ética, parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de los valores. Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida.

Justicia, principio moral que lleva a dar a cada uno, lo que le corresponde o pertenece. Derecho, razón, equidad.

Me permito hacer mis propias reflexiones sobre este término que no son fruto del estado de confinamiento en el que estamos inmersos, tal vez sí el hecho de escribirlos, sino de la maduración en mi propia vivencia o padecimiento, según se mire, desde hace muchos años en esta bendita España. No intento convencer a nadie, pero al menos pudiera crear cierta inquietud, deliberación o meditación.

Puede haber otros estados, perfectos o puros según Aristóteles, monarquía, aristocracia o democracia, (representativos o no), y estados impuros o corruptos, tiranía, oligarquía o demagogia. Creo que se ajustan o acercan bastante a la realidad actual en un ámbito global. 

Personalmente por definición de ética, equidad y justicia me quedo con democracia, es sin duda en mi opinión un término de estado inapelable desde el punto de vista social. 

Al margen de lo que significa, el gran problema que se presenta hoy en día es que es un término demasiado gastado o mejor dicho manoseado y que se utiliza en la actualidad para desmarcarse de lo demás, dándose un papel personal de razón y respeto. Si esto fuere mediante un argumento lleno de contenido seguiría estando bien esta defensa, pero en demasiadas ocasiones ha quedado como excusa de presentación personal contrario a sus conductas.

Me explico, el poder radica en el pueblo y no puede trasladarse, “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" (Abraham Lincoln). El gobierno es meramente una representación del pueblo que le ha prestado el poder democráticamente a su servicio. Prestado digo.

Hasta aquí, los que se sienten demócratas o me atrevería a decir la inmensa mayoría, (aquí levantamos todos la mano) nos encontramos cómodos y de acuerdo con la presentación. Pero a partir de esta comodidad y con el paso del tiempo, en nuestro caso más de cuarenta años, se aprovecha para sobar la propia esencia de la democracia, lo importante al parecer es anunciar nuestro convencimiento y respeto al sistema como tal, aunque nuestra esencia y actos muestren lo contrario (hablando en un sentido muy amplio).  He aquí, el inicio del comportamiento inmoral y donde empieza a deteriorarse.

Esta actitud propagandística tiene un efecto social de respuesta muy positivo para el que la conduce o la lleva a cabo, independientemente de su posición, sea en la oposición o en el poder, es indistinto. Si bien es verdad que, una vez alcanzado el poder, utilizando diferentes canales oficiales a tu servicio y el propio mando de gestión que te dio el “demos” pueblo, el efecto es sinérgico y por tanto aumenta la respuesta que se obtiene. Es una retroalimentación automática, el “demos” pueblo escucha lo que quiere oír y alimenta al “Kratos” poder o gobierno, aunque finalmente no cumpla lo que propaga, y si lo cumple, con más razón aún.Este aprovechamiento del poder en beneficio propio (no en beneficio común) constituye, en mi opinión, el segundo comportamiento inmoral rompiendo la equidad que infiere la justicia.

Esta es la guinda del pastel, el concepto “democracia” está prostituido gracias a la retroalimentación entre poder y fundamentalismos. El concepto queda contaminado. Los fundamentalistas siempre verán el mal ajeno y el bien propio, aunque sea indefendible.

Llegados a este punto, una vez contaminado, debería descontaminarse o como se dice hoy en día, iniciar la desescalada de este proceso para volver a un estado democrático natural.

Según mi parecer, un estado democrático no alcanza su propia esencia como tal mientras existan o albergue fundamentalismos en su seno y por tanto la democracia no será completa. En la desaparición de estos fundamentalismos radica la descontaminación, pero ésta debe ser social y no impuesta, es decir de mero autoconvencimiento. Es un avance social y cultural que nos llevará a la casilla de salida. 

El término democracia y el estado que lo defienda, alcanzará la madurez cuando los propios electores censuren la actuación de sus propios gestores elegidos por ellos mismos cuando hayan sobrepasado ciertos límites, sea por mala gestión, incompetencia o negligencia y por supuesto, por abuso de poder o conducta ilícita o inmoral. Es decir, una crítica recibida desde tu propio equipo por un incumplimiento o desvío a su juicio inadmisible. Este suceso es la confirmación real de la democracia. 

Tenemos algunos ejemplos de ciertos intentos parciales en el pasado en el seno de algunos partidos demócratas (en plural) españoles, pero no han empapado lo suficiente para calar en lo hondo de la sociedad.

En esta censura en cualquier caso sin condiciones, siendo indiferente la autoría del atropello o el desvío, sea nuestro u opuesto, es donde reside la verdadera democracia y por ende la justicia.

Lamentablemente España no se encuentra aún en este estado. Encontramos demasiados ejemplos en diferentes direcciones, de defensa de lo indefendible, aquello que estaba mal ayer, hoy ni siquiera es visto por los mismos que lo denunciaban, precisamente porque los autores ahora son los suyos. Esta es una de las principales esencias del fundamentalismo. Nuestra democracia alberga demasiados, en el espectro político y social, por lo que mientras perdure este cáncer inmoral e injusto, en mi opinión, a pesar de lo que muchos defienden, no habrá alcanzado aún su mayoría de edad.

"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". (Artículo 14 de la Constitución Española 1978). 

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