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La magia de la vida

Publicado: 18/01/2013 17:39 por javiermontalvo en Crónicas de un Pueblo

La importancia de llamarse David. Y digo esto porque la semana pasada estuvimos invitados un grupo de amigos y familiares de David para celebrar su nuevo cumpleaños, no el tradicional que celebramos todos, sino su segundo nacimiento, por arte de magia, como un conejo saliendo de la chistera, hay ocasiones en la vida que por suerte se vuelve a nacer y es de agradecer. Felicidades.

Personalmente, no quisiera correr esa suerte, porque quiere decir que hubo un preámbulo desgraciado y una incertidumbre en el nuevo alumbramiento, que no solo te acompaña a ti, sino también a los que te rodean y normalmente es insufrible y a la vez  lleno de valor.  Prefiero continuar sorteando los sucesos de alguna manera más afortunada y avanzando poco a poco, porque queda mucho por hacer y por vivir, aunque no podamos determinar nuestro destino. Queda gente que espera mucho de cada uno de nosotros y hay que disfrutar de ello.

Me alegro de escribir estas líneas porque en los últimos tiempos, parecían siempre renglones torcidos y apesadumbrados. Sin olvidar los anteriores, en esta ocasión levanto mi copa y brindo por todos los nuevos nacimientos como este.  

HIELO

Publicado: 23/01/2013 09:57 por javiermontalvo en Fotografía
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Se levantó a media noche, serían la tres o las cuatro, dudaba porque en su cabeza estaba todo confuso, y no descubrió donde se encontraba hasta treinta segundos después, cuando de pie en medio de la habitación a un metro de su cama, inmóvil pudo reconocer el piloto encendido del aire acondicionado que había visto al acostarse y en el que había intentado cambiar la temperatura ambiente porque tenía frío.

Cuando llegó la noche anterior, era la primera vez que visitaba este hotel, incluso la ciudad, y no sabía que en esta época del año se convertía todo en una dura postal de color gris y blanco, debido a las bajas temperaturas; antes de viajar pensaba que no serían tan extremas.

Antes de acostarse cambió la temperatura del mando para pasar una noche más confortable, pero se durmió sin saber si lo había conseguido porque no lo entendía bien, demasiados anagramas y menús, cuatro puntos a definir de consigna, que no lo dejaban claro como el que tenía en su lugar de residencia habitual y estaba demasiado cansado del viaje para pelearse a esas horas con semejante chisme. De todos modos, pensó que aquel tampoco lo conocía en detalle porque normalmente jugaba su mujer con la centralita subiendo y bajando la temperatura según el tiempo.

Al descubrir donde estaba, se tumbó de nuevo en la cama y empezó a temer que se hubiera equivocado en el viaje, y su objetivo posiblemente tampoco se cumpliría en éste y menos con ese tiempo tan desapacible. Cómo podría convencer a sus oponentes, cómo mostrarles sus teorías tan revolucionarias, que llevaban tiempo en contra y sin embargo sabía que había dado con la pieza del puzzle que faltaba. Sin embargo esta vez no podrían contradecirle con tanta vehemencia, incluso a su modo de ver injusticia en ocasiones, porque defendían otras vías y pensaban que sus hipótesis de partida eran erróneas; ¡¿por qué no?! esta vez él tenía la llave y comenzó a autoconvencerse y se quedó dormido entre sus argumentos.

A la seis y media le despertó la alarma del móvil y las dos últimas horas fueron tan reparadoras que se puso en marcha sin ninguna duda, era su día, después de tanto tiempo pondría el punto final a la investigación o al menos seguido, y no tendrían más remedio que admitirlo. Sabía además, que ya alguno mantenía ciertas dudas favorables desde hace algún tiempo y si exponía bien su método, contaría con su apoyo.  

Después de atravesar media ciudad en transporte público, hecho que dotaba de coherencia a su descubrimiento, a pesar del nivel del mercurio y el espesor de la nieve, se encontraba delante de sus colaboradores u oponentes, según se viera, ya que todos estaban en la misma misión infructuosa. Era la enésima reunión debatiendo en torno al mismo punto, pero hoy había una novedad irrefutable. Esperó su turno de palabra y contraatacó con su nueva batería de datos y confirmaciones. El debate duró siete largas horas, entre alguna parada de café y tentetieso, que no sirvieron de descanso porque el ambiente era tan intenso que seguían las conversaciones en corrillos, taza en mano.

Cuando metió la llave en la cerradura de su casa sabía que no había puesto el punto final, sino que acababa de abrir una nueva puerta a todo el equipo para continuar con la investigación. No era un hecho concluyente sino una nueva vía, aceptada ahora por todos, que permitiría nuevos fondos y mayor número proyectos trabajando en la misma línea. Estaba satisfecho y animado. Ningún gobierno en su sano juicio podría recortar el presupuesto de investigación y desaprovechar la oportunidad, sin apoyar esta esperanzadora labor científica.