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LA SOLICITUD

Publicado: 04/08/2014 18:31 por javiermontalvo en El rincón del sillón

" Disfruta unos minutos cada día deteniendo el tiempo, no permitas que nadie te lo quite". Esto es lo que rezaba el cartoncito de la entrada sobre el mostrador. Buen consejo pensé, parece que lo hubiera escrito yo mismo, cuando apareció una asistente que pronunció mi número y mi nombre, puede Vd. pasar, es el siguiente, le están esperando.

Eran tres, y salvo el más gordo, no tenían cara de muy buenos amigos, agria diría yo, por lo que mi solicitud iba a ser aún más difícil de tratar, pero eso me motivaba, mientras me acercaba a ellos, atravesando esa sala brillante y diáfana, que expresaba un aspecto hospitalario que te forzaba a andar precavido frente a un resbalón y acabar con tus huesos en el mármol, pero ligero para no hacer esperar, no podía recordar mis argumentos. Estaba diseñado a propósito para ser derrotado en menos que canta un gallo, qué forma más sutil de atacarte, sin mover un dedo, sin saludar si quiera, casi sin hablar y volver por donde has venido.

Mientras intentaba averiguar dónde me podía sentar para estar a su misma altura …qué se le ofrece, interpeló el de mayor edad, justo un segundo antes de que llegara hasta su posición, y sin resolver, porque no había donde salvo que uno se levantara y me ofreciera su silla, contesté: he solicitado la…ya veo dice el gordo interrumpiendo, no ha lugar. Ni tiempo, contestó el que todavía no había intervenido. Ni recursos concluyó el viejo, queda totalmente rechazada. Puede Vd. seguir en su puesto sin problemas hasta nueva orden. Debe haber algún error, contesté y de corrido reclamé, yo he venido a detener su tiempo y no intenten interponer recurso, queda inutilizable “hasta nueva orden” desde este mismo instante.

Mi segunda solicitud, continué ya más tranquilo, que les llegó consecutiva a la anterior y que aplico, eran mis vacaciones, que me tomo en este mismo momento también hasta nueva orden, agradeciendo su insalvable admisión, al no existir objeción alguna.

LAS EDADES DEL HOMBRE

Publicado: 20/08/2014 13:25 por javiermontalvo en El rincón del sillón

Cogía su guitarra todos las tardes cuando el sol empezaba a caer y con esa luz tostada que te da el atardecer en la cara a medio afeitar y en la madera del porche, empezaba suavemente a tararear con el acompañamiento de sus manos sobre las cuerdas, en otro tiempo llenó auditorios y plazas para el regozijo de su público.

Mientras tocaba, algo entristecido, venían a su mente las críticas de los que decían que estaba acabado por el mero hecho de haber cumplido sesenta primaveras y su falta de sincronía con los tiempos, que no le dejaban en buen lugar, debía retirarse, aunque a decir verdad, no basaran sus argumentos en la expresión musical sino tan solo en el tiempo recorrido. Pareciera que a determinadas edades, no pudieras expresar lo pensado y mucho menos sentirlo, esto estaba cruelmente prohibido y quedar recluido al ostracismo.

Interpretando su última obra, y cantando a media voz repasando sus últimos arreglos para hablarlos con su amigo y compañero de su antigua banda, recordaba otros carcas que no se retiraron a tiempo, su pintor preferido que murió a los sesenta y un años, casualmente su edad actual, pintó su autorretrato incluido en Las Meninas solo cuatro años antes de su muerte, o se acordó de aquel Premio Nobel de Literatura español que obtuvo el Premio Planeta a los setenta y nueve, seis años antes de su final con La cruz de San Andrés.

Seguía punteando su guitarra acústica y cantaba, pensando en alguien de su parcela artística y le vino a la cabeza otros carcas que continuaron con su música, y recordó a uno de sus preferidos que interpretó, con un rotundo éxito a sus cincuenta y cuatro años una de sus obras maestras, osado y arcaico fué, interpretando La Novena, tan solo dos años antes de su fatídico en importunado final.

Al fin y al cabo qué era el arte, expresar y comunicar tus sentimientos al margen de toda recepción, y se animaba pensando en James Hetfield o en Mick Jagger de edades incalculables, para seguir tocando. El arte es tan solo una manifestación en su máxima expresión.

La tarde llegaba a su fin y estaba a punto, mientras terminaba su canción y su cerveza, de coger su guitarra, esta vez la eléctrica y subirse a la furgoneta que se acercaba por el camino levantando polvo, para viajar a su próximo concierto. Después de recordar a estos y algún otro acabado más, que osaron sentir y lanzar al exterior su arte a edades demasiado avanzadas, estaba más animado, y no le importaba en ese momento si quiera tener público, íban a tocar, y esto era su mayor aventura y mientras hubiera un lugar donde correrla merecía la pena...

Dos horas y media más tarde levantaba la vista desde el escenario y agradecía sonriendo a su público que siguieran allí, era el momento de continuar ante sus aplausos y silbidos de satisfacción