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¡Madre, ya está!

Publicado: 23/05/2015 00:15 por javiermontalvo en sin tema


Al mirarnos los dos, cuando saliste de casa, sabíamos que no volverías a entrar en ella, era un paso irreversible, y a partir de los siguientes días tu fragilidad iba en aumento, como en las últimas semanas, pero ahora cada día, el cambio era paulatino e impasible. Sin embargo y a pesar del lógico miedo a una puerta sin abrir, tu fortaleza era cada vez mayor y puedo asegurar aquí, que estabas preparada para abrirla, cuando algunos no seríamos capaces de tocar ni el pomo.

Una cabezadita y un ruego, dame otra vuelta, súbeme un poco, coloca mis piernas,... una cabezadita suena muy placentero, porque no te has quejado, pero cuando la enfermedad te oprime incluso con medicación ya extrema, el sentido cambia gracias a las drogas para intentar evitar tu sufrimiento y admiro pese éste, que participas pasivamente en las conversaciones, pides agua, pides silencio o sugieres cualquier idea al hilo de lo que escuchas en la habitación con voz tenue y débil.

Dios mío ¿que hago aquí? Te preguntabas el último día que hablaste, casi en el último minuto, mientras me pedías que te cogiera de las manos lo más fuerte posible intentado escapar del momento, y con palabras de amor que me reservo, me dedicaste tu despedida. Fue la última vez que hablamos y ahora me alegro de haber estado esa tarde.

Desde este minuto lloro tu ausencia, no puedo abarcar la pena, hemos lamentado este trance muchas veces y aún lo pasaremos otras tantas más, es inevitable, pero esta vez es distinto, tu falta alborota mi dirección y sentido, ahora a pesar de creer que volábamos solos desde hace mucho tiempo, infeliz me doy cuenta que acabo de perder la referencia que me quedaba, la otra la perdí hace ya un lustro y desde hoy falta entera, no sé ahora si sabré andar solo.

Días antes me decías en casa "que este no sea el último abrazo que nos demos" y no lo fue, y al desearte que descansaras, contestabas que Dios te oiga; finalmente lo ha hecho. ¡Madre, ya está! Aunque triste, doy gracias porque has vivido plena de vida y de amor a los tuyos, que fueron muchos, estoy seguro que has dejado tu huella participando en la de todos ellos. Volveré a mirar al cielo todas las noches y a las estrellas, buscando la guía que ya he perdido entera. Gracias y hasta siempre. Felizmente desde hoy el Señor te ampara.

Javi, tu hijo.