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FELIZ NAVIDAD!!!

Publicado: 23/12/2021 09:38 por javiermontalvo en Crónicas de un Pueblo
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Serían la seis de la tarde, ya de noche y frío de recién estrenado invierno y volvía caminando del colegio con la cartera de cuero a la espalda y casi seguro, con un balón también de cuero desgastado bajo el brazo escuchando los gritos de otros chavales correteando alegres por las nuevas vacaciones, metiendo una peseta de castañas asadas envueltas en papel de periódico en el bolsillo del abrigo y animado por las nuevas luces de Navidad sobre el bulevar.

Era tiempo de tregua, empezaba la Navidad y nos preparábamos para tan importante celebración. Recuerdo que el pistoletazo de salida, como de una carrera se tratara, lo daban los cánticos de los Niños de San Ildefonso, a veces ya de vacaciones desde el día anterior y otras justo el mismo día. Significaba la ilusión de todos por un pellizco de unos durillos de propina que nunca llegó, aunque lo importante en verdad era la ilusión de un niño por empezar la Navidad.

A la mañana siguiente, sacábamos del trastero en el garaje del bloque los adornos del árbol y las figuritas del Belén, aún recuerdo el olor a cerrado y húmedo al abrir la puerta, casi solo bajábamos ese día y lo identificabas con ese momento.

Montamos el Belén entre todos, organizado por los mayores, a veces sobre un viejo somier con algunos añadidos laterales que formaban un inmenso paisaje, lleno de musgo en los prados que habíamos cogido por la mañana en el campo con José María (un entregado y devoto a la familia, conductor de la oficina de mi padre, pero esta es otra historia), corcho de alcornoque para las montañas y papel de plata para simular el río. Al fondo, un decorado azul brillante y marino que adornaba un firmamento de estrellas con la estrella principal de los Reyes tan esperados.

Llegaban algunos regalos y felicitaciones que subía el portero a casa, o la entrada del árbol, el clásico abeto (una picea natural) que adornábamos en el recibidor de casa con espumillón y bolas de cristal que siempre cascaba una y había que barrer, y en el ápice, la estrella.   

La Noche Buena y el día de Navidad eran especiales y muy importantes para mi madre, posiblemente, a pesar de los nervios del momento, los días más felices del año para ella, o eso me parecía y trasladaba su ilusión religiosamente a todos, no éramos pocos, y con los años cada vez más pasando a ostentar su título de abuela, aunque siguiera siendo la madre. Creo que todos somos herederos y lo hemos intentado transmitir cada uno a los nuestros, no sé si lo hemos conseguido, pero hemos puesto la misma ilusión. No me olvido de la Misa del Gallo con toda la familia, que con los años la cambiamos por el día veinticinco, pero siendo niño, bajábamos después de cenar a la calle a escucharla. Después alegría, villancicos, panderetas, tertulia, juegos o improvisábamos un teatro los pequeños, que de todo hubo.

Trascurrían los días, pasando por el día de Los Santos Inocentes, con las bromas tradicionales, pero ya me detendré este año en esta fecha, para llegar a la gran Noche Vieja, otro hito de ilusión que significaba pasar la página de un viejo cuaderno para estrenar uno reluciente y nuevo. También recuerdo tras las campanadas y las uvas, los deseos de esperanza que te trasladaba ella al oído al felicitarte con un beso el nuevo año. Era un periodo de estimular la autoestima desde fuera, desde otros, desde los más cercanos, en ese momento no había preocupaciones, no había problemas, solo anhelos.

Día primero del año, Concierto de Navidad a todo volumen que ponía mi padre y los saltos de esquí por televisión. Año Nuevo era ese nuevo cuaderno, todos sentados a la mesa para compartir y brindar por el nuevo año. Un día ilusionante y buenos deseos para todos que cada uno conservaba en su interior.

Nos dirigimos al día de los Reyes Magos ilusionados, que me encantaba como a todos al levantarte nervioso y muy pronto para ver el regalo de los magos, casi siempre un nuevo balón de cuero que duraba todo el año y otro detalle que lo acompañaba, alrededor el resto de regalos para todos; un año, tuve tanta suerte que me levanté tan pronto y pillé a los Reyes Magos en casa y uno de ellos, me llevó a acostarme nuevamente.

El día de Reyes conllevaba viaje a Madrid por la tarde, visita fugaz a la abuela por parte Guitart para felicitarle el año y tarde mayor con los primos en casa de la tía Aurora y de la otra abuela por parte Montalvo junto con el resto de hermanos de mi padre que se juntaban ese día. A la abuela la recuerdo siempre pequeñita sentada en su silla de ruedas y aquellos ojos azules, donde te caía un posible regalo o no,  aunque no era lo más importante, lo demás muchas risas, abrazos, bromas, roscón y fanta, chocolate, no faltaba el fiambre con huevo hilado "hilarante" y cava de perelada para los mayores, para volver de nuevo por la noche casi dormido en el coche a casa. A pesar de toda esta emoción contenida, realmente nunca quería que llegara ese día porque significaba el final de aquella tregua.

No sé que es lo que queda de todo esto, no sé si ya tiré aquella cartera de cuero y el balón o que realmente se han ido perdiendo con el tiempo, o que esta maldita pandemia nos lo está quitando todo, hasta la propia esencia navideña o a lo mejor no es la pandemia…. pero esto será debate de otro día.

Hoy como antaño, tampoco nos ha caído ese pellizco con los Niños de San Ildefonso, aprendiz de ella, dejo no sin esfuerzo los problemas y las preocupaciones que no son pocas, para animarme a desearos:

 

FELIZ NAVIDAD y BUENOS ANHELOS PARA EL NUEVO AÑO.

¡¡Empieza la tregua!!.

Significaba buscar en el periódico o en el telediario la noticia tonta, la inocentada. También te dedicabas a tirar algún petardo, a bromear a alguien por teléfono o soplar polvos pica-pica que te hacían estornudar. Recuerdo que en mi casa había un vaso de cristal tallado, una pieza cuidada con detalle que entre los adornos de la talla, dejaba escapar el agua a través de unos agujeritos que te mojaba mientras bebías.

Sería el año 78 o 79 cuando en un gesto gracioso de complicidad y secretismo, decidimos los dos más pequeños de la casa, hacer la petaca a todo el mundo, a toda la familia. Éramos por aquel entonces ocho hermanos en casa y estaba decidido, no se libraría ninguno, creo recordar que, aunque tentados estuvimos, no nos atrevimos con la cama de nuestros padres, que hubiera sido la jugada completa, digo creo porque dudando quiero adivinar también el suceso en su habitación pero no lo recuerdo bien (cuando Mar lea estas líneas ya me aclarará sus propios recuerdos).

Para los más jóvenes, ahora que se duerme con funda nórdica, la petaca consistía en doblar la sábana encimera por la mitad transversalmente, para arremeterla por el cabecero de la cama, encima de la bajera y por debajo de la almohada, en vez de por los pies, quedaba perfecta y no se podía sospechar nada inesperado, de tal forma que cuando abrías la cama era imposible meter las piernas, la primera vez que me la hicieron, posiblemente un par de años antes del día de autos, no llegaba a entender qué había ocurrido y acabé deshaciendo la cama entera. La verdad es que cuando estabas ya dispuesto a acostarte era un verdadero fastidio, infantil, pero fastidio. 

Desde la mañana, una vez planificado el artificio y vigilando para que no nos descubrieran, Mar y yo fuimos deshaciendo y haciendo con tapujo todas las camas de la casa, era una jugada divertida entre la estrategia de clandestinidad y la artimaña para no ser descubiertos con las manos en la masa, si alguien se acercaba por el pasillo.

Dormíamos en tres habitaciones contiguas pared con pared, yo en la de en medio compartiendo habitación con Luis, a mi derecha tras la pared, las cuatro chicas de la casa juntas en lo que fuera antiguamente la habitación de la abuela y a mi izquierda tras el tabique, otros dos en una litera, Juan y Miguel.

Ese día, una vez perpetrada la inocentada, esperamos los dos con impaciencia la hora de acostarse. Evidentemente mi complicidad se había roto traicionando a mi compañera de aventura y esperaba con mayor impaciencia aún, su grito de sorpresa cuando ella descubriera su cama para dormir y no pudiera acostarse por la maldita petaca.

Después de escuchar juramentos varios a deshora a ambos lados de las paredes de mi cuarto, las risas de Mar al verse traicionada e intentar acostarse sin éxito, satisfecho y divertido de mi triunfo, me dispuse a acostarme esperando los comentarios del desayuno siguiente, cuando descubro con sorpresa, ¡sorpresa de verdad! que no podía meter las piernas en mi cama, ¡alguna me la había jugado! Y escuchando su risa y mi propia carcajada al unísono con un tabique nuevamente de complicidad por medio, nos acostamos con la idea de que ambos habíamos quedado libres de toda sospecha. Efectivamente, como habíamos planificado ¡no se libraría ninguno!